La Perla Peregrina: de la realeza a Hollywood

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Una de las perlas más famosas en la historia es la Peregrina, y junto a sus 55,95 quilates se encuentra rodeada de muchas leyendas acerca de su origen. No se sabe a ciencia cierta cuándo fue encontrada, y una historia cuenta que fue descubierta en el año 1515 por un esclavo en Panamá, el cual pudo obtener su libertad como premio.

Para el año 1580, el alguacil mayor de Panamá, le ofreció la perla al rey Felipe II, quien la incluyó entre las joyas de la corona. Su esposa, María Tudor, reina de Inglaterra, quedó enamorada de la joya, por lo que no desaprovechó momento para poder retratarse con ella.

Fueron muchas las reinas españolas que fueron inmortalizadas con la preciada joya. La última reina en lucirla de forma oficial fue Isabel de Borbón, primera mujer de Felipe IV.

Su nombre se debe a todas las a las idas y venidas que experimentó a lo largo de la historia. La Peregrina es seguramente la perla más valiosa del mundo, y junto a su peculiar forma, ha estado en manos de reyes, aristócratas y hasta una megaestrella de Hollywood.

Comienza la travesía

Durante la invasión a España por José Bonaparte, solicitó que le entregarán todas las joyas de la Corona, entre las que se encontraba la Peregrina. Después de abdicar al poder y llevarse parte de las joyas, la perla fue entregada a Napoleón III, el cual la vendió a James Hamilton, duque de Abercorn.

La Peregrina permaneció en la familia Hamilton hasta que fue subastada en Londres en 1969. Fue comprada en Sotheby’s por Richard Burton por 37 000 dólares, y se la obsequió a su esposa, Elizabeth Taylor por San Valentín.

Al ser una de sus posesiones más apreciadas, Elizabeth Taylor no dudó en usarla en diferentes películas como parte de su vestuario, así podemos apreciar a la Peregrina en la película “Ana de los mil días”, donde interpreta a Ana Bolena, y en “A Little Night Music” del año 1977. Taylor sumó mayor valor a la prenda al ordenar un collar de rubíes en el cual pudiese lucirla.

Después de la muerte de Taylor en el 2011, la perla nuevamente fue puesta en subasta por la casa Christie’s de Nueva York, por la cual pagaron la suma de nueve millones de euros. Antes de la venta final, la mítica joya había sido expuesta por varias capitales europeas para que los amantes del lujo y de la historia pudiesen contemplarla por última vez.


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