Joyas malditas: El diamante Hope

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Todos dicen que los mejores amigos de una mujer son los diamantes, pero en el caso del diamante Hope, eso no es del todo cierto. Se le conoce también como “el azul de Francia” o “la joya del rey”, y cuenta con un peso estimado de más de 45 quilates. Se estima que su peso bruto era 115 quilates y contaba con una irregular forma triangular.

El origen de esta majestuosa piedra se remonta a las minas de Golconda en la India, de acuerdo con el testimonio de su descubridor, el comerciante de piedras preciosas Jean Baptiste Tavernier. La leyenda de esta piedra preciosa dice que originalmente servía como adorno para el tercer ojo de la diosa Sita, la cual fue robada por un corrupto sacerdote que sufrió una muerte dolorosa y agonizante como castigo.

La llegada a la corte francesa

Tavernier le vendió la joya al rey Luis XIV (1738-1715) de Francia en 1668 por una cuantiosa fortuna, y se cuenta que tuvo una muerte espeluznante siendo devorado por animales salvajes. Después de varios años, el joyero de la corte, Sieur Pitau, fue el encargado de cortar la gema para crear un diamante de forma triangular y con los lados cóncavos. Las plagas y epidemias vividas en los últimos años del siglo XVII en Francia, comenzaron a aumentar la fama de la joya maldita que traía desgracia e infortunio.

La preciada joya llegó a manos de Maria Antonieta, esposa del rey Luis XVI de Francia, la cual se la prestó a la princesa de Lamballe. El destino fatídico de los tres estuvo ligada al diamante, ya que murieron en la guillotina durante la Revolución Francesa.

Después de las revueltas, el diamante se perdió en 1792 y la sangrienta leyenda se mantuvo viva.

Maria Antonieta y la princesa Lamballe.

La maldición continúa

El diamante Hope reapareció en 1839 cuando el joyero Henry Thomas Hope la adquirió, el cual le heredó su nombre. La maldición cuenta que perteneció a una larga lista de dueños y todos en algún momento sufrían de alguna calamidad: suicidio, fueron asesinados, se hallaron en bancarrota, fracasaron en sus matrimonios, perdieron la razón o cayeron en adicciones.

Desde 1949 pertenece al joyero neoyorquino Harry Winston, quien la donó al Museo Smithsonian de Washington en donde estuvo expuesta hasta el 2010, momento en el que fue engarzado en un collar temporal, también creado por Harry Winston.


1 comentario

Marcus · diciembre 30, 2019 a las 5:02 am

Sucesivamente, la coleccion de gemas paso a ser heredada por cada uno de los descendientes de la familia Hope. Cuando Henry murio, en el ano 1862, su esposa Adele heredo las gemas. Tras la muerte de esta, en el ano 1884, la herencia recayo en su hija, Henrietta, quien contrajo matrimonio con el duque Henry Pelham-Clinton. Cuando ambos murieron, le toco el turno a su hijo Henry Francis Pelham-Clinton Hope, quien recibio su herencia hasta el ano 1887. Sin embargo, debido a que solo estaba interesado en una sola persona para su herencia, estuvo obligado a no vender la coleccion, sin previo permiso de la corte.

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